16/11/08

Los jovenes cantabros comienzan antes a consumir cocaina

Perico, pasta, blancanieves, polvo blanco, nieve, farlopa, dama blanca... en el argot de la calle existen muchos nombres para no llamar a la cocaína por su nombre. España está a la cabeza del mundo en el consumo de esta droga, y en Cantabria las cifras no son mejores. Los que esnifaron una raya por primera vez en 2007 lo hicieron a los 19,7 años. En 2005 la edad de inicio era de 20,8 años. Es más, la edad media de inicio de consumo en todas las drogas, legales o ilegales, se retrasó en 2007, excepto en la cocaína. Estos datos, facilitados por el Gobierno regional, no son aislados. En la Asociación Cántabra de Ayuda al Toxicómano (ACAT), con una amplia experiencia en el tratamiento de estas adicciones, alertan sobre el 57% de aumento de nuevos casos.
El alcohol, el tabaco y el cannabis continúan al frente de las drogas más consumidas en nuestra región. Por el contrario, los alucinógenos y la heroína se mantienen encigras muy bajas de consumo y, de hecho, ningún entrevistado por el Gobierno regional aseguró haber consumido estas drogas en los doce meses previos al estudio.
El plan de ACAT
ACAT, que obtuvo la Cruz Blanca al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas en 1996 y a la Solidaridad Social en 1997, tiene un modelo de trabajo alternativo a otros centros. Y se guían por una máxima: 'Lo mejor es no consumir, pero si lo haces, usa el coco'. «Aquí no hablamos del pasado, nos centramos en buscar soluciones. Lo que nos importa es el aquí y ahora. Los que vienen al centro no son pacientes, son clientes que vienen a comprar un cambio, y ese cambio depende de ellos, de sus prioridades en la vida», explica Carmen Gómez, una de las trabajadoras sociales de ACAT.
La percepción de cuáles son las mejores soluciones para afrontar este cáncer social están cambiando. Ahora son menos quienes defienden medidas como la legalización de todas las drogas o del cánnabis y, por el contrario, los cántabros valoran más medidas como la administración médica de metadona a heroinómanos, el control policial y aduanero, las campañas publicitarias, el tratamiento voluntario y la educación en las escuelas.
Obligados
Muchas de las personas que acuden a ACAT lo hacen obligados por una sentencia judicial. Ir a este centro les permite no tener que ingresar en prisión. Eso sí, se someten a controles periódicos para demostrar que han dejado de consumir.
El año pasado ACAT atendió a 296 clientes. Son muchos para una plantilla de sólo siete personas -algunas de ellas voluntarias a tiempo parcial-, pero este centro ofrece una ventaja respecto a otros: es el único con tratamiento ambulatorio por las tardes. «La gente que se está desenganchando también trabaja, y no puede acudir por las mañanas al centro. Hay que facilitarles al máximo su integración en la vida social», asegura Gómez.
El perfil de los que asisten a este centro también ha cambiado mucho: un varón de 35 años, con trabajo estable y que necesita más sesiones para su recuperación. Aún así, el número de recaídas también ha crecido. Gómez distingue entre quienes cruzan el límite y quienes no lo hacen: «Mucha gente consume y no abusa porque tiene otros proyectos de vida, una serie de prioridades que les llevan a ser responsables en el consumo de drogas y a que no afecten a su vida. Hay mucha diferencia entre usar y abusar».
Por eso, desde ACAT buscan medidas alternativas para llegar a personas a las que no les sirven las campañas antidroga. «No nos podemos quedar ahí, hay que buscar siempre cosas diferentes», explica Gómez. Pero para llevar a cabo esas actividades, ACAT necesita una financiación que cada año se va quedando más pequeña. Los 32.000 euros que recibe por convenio «no son suficientes» ante el aumento anual de casos que son tratados en su local.

1 comentario:

Anónimo dijo...

:p